Italia y los temores de Europa

Las políticas de austeridad de Bruselas, la inmigración y las relaciones con Rusia han extendido el euroescepticismo en Italia, hasta ahora uno de los países más europeístas.
Más del 70% del electorado italiano participó en las elecciones legislativas del 4 de marzo. En vista de los primeros resultados, las posibilidades de tener un gobierno estable durante los próximos cinco años son muy limitadas. Con más del 30% de los votos, el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) se ha confirmado como el primer partido del país. No obstante, al igual que sucedió en las pasadas elecciones, no ha logrado el 40% del voto necesario para formar gobierno y necesitará una coalición. El problema es con quién.
Si el M5S fracasa en el juego de las alianzas, el presidente de la república podría pedirle a la coalición de derechas –que logró el mayor respaldo electoral, con cerca del 37% de los votos– que intente formar gobierno. Dado que la eurocrítica Liga Norte ha superado a Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, con el 19% del voto frente al 14%, la posibilidad de una gran coalición de tipo alemán con el Partido Democrático (PD) es remota debido a la diversidad de posiciones políticas e ideológicas.
Los resultados han mostrado, sobre todo, la voluntad de los italianos de romper con los partidos tradicionales. Aunque las elecciones han llegado tras un año en el que, siguiendo la positiva tendencia económica global y beneficiándose de la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo, Italia ha registrado un crecimiento del PIB y una reducción del desempleo, la mayoría de los italianos no está satisfecha con el estado actual de las cosas: el 82% está convencido de que el país va por mal camino, al 62% le preocupa el paro y al 35%, la pobreza y la ­desigualdad social. En este sentido, se sigue culpando tanto al gobierno italiano como a la Unión Europea de no haber hecho lo suficiente por la ciudadanía, pues las mejoras económicas no han traído un mejor nivel de vida ni mayores garantías sociales.
El nivel de confianza hacia la UE ha disminuido y muchos italianos no tienen una idea clara del papel ­desempeñado por Bruselas en la estabilidad del país y su rendimiento económico. Según Quaeris, de 303 ciudadanos italianos entrevistados en abril de 2016, el 43,9% no tenía una opinión formada sobre si Italia debería salir de la UE; el 30,6% creía que sí y el 25,5% pensaba que el país debe seguir perteneciendo a la Unión. Del mismo modo, el 45,3% no sabía si Italia debía permanecer en la zona euro; un 29,9 % opinaba que sí y un 24,8 %, lo contrario. Las buenas expectativas para el futuro de la UE caen a la par que empeora el nivel de vida de los italianos. Estos no solo no esperan alcanzar una mejor calidad de vida en los años venideros, sino que acusan ya un menor bienestar económico…

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Details: 
in Política exterior, vol. 32., núm. 182 (marzo/abril 2018), p. 6-12
Publication date: 
14/03/2018

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